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En una nueva entrega literaria llevada a la pantalla,  construye magistralmente el camino de atrapar al espectado mediante la producción de Netflix, realizando con dinamismo una obra cargada de ribetes policiales, asesinatos e intriga.

Un producto netamente Británico, con el ritmo y la cadencia del estilo, desarrollado desde una adaptación realmente atractiva.

La línea argumental se establece en la historia de un hombre de negocios financieros devenido a padre desesperado que busca a su hija fugitiva, viéndose envuelto en un caso de asesinato y topándose con secretos que podrían destruir a su familia para siempre.

Lo interesante y estructural del trabajo, resulta el protagonista y su cierta ambigüedad que genera con maestría. Violento y a la vez tierno, desesperado y firme en puntos limites, atravesando una desesperada búsqueda de su amada hija, poniendo en jaque su estabilidad tanto económica como psicológica y este rango, pendula de modo permanente en cada una de las situaciones de los diversos personajes que abordan la historia.

Durante ocho episodios la línea argumental va desarrollando personajes realmente bien ubicados, ampliando el abanico que se expande desde una desaparición, hasta desencadenar en un hecho que resulta tabú y por demás peligroso aun en estos tiempos que corren. La vulnerabilidad y las ganas de abandonar los afectos y las drásticas consecuencias que aquellas decisiones poseen, brindan una reflexión analítica y sostenida; Las verdades calladas, el tapar profundas situaciones en nombre de no desarticular la perfección familiar, se traducen en un entretenimiento que contiene la modernidad de las relaciones humanas y maritales, como también así lo peculiar del policía, la investigadora, el docente, las dosis justas que aportan firmeza, resultando puntos fundamentales acordes a cada instancia del argumento.

Con logrado diseño de arte y fotografía que pinta una Inglaterra poco personal y que sirve para montar el sufrimiento y lo emocional del padre desesperado, todo se contiene a través de un dinámico montaje que no deja respiro alguno.

En el plano actoral, se destaca la actuación de Ruth Jones, como una singular detective privada, Annette Badland, ayudante y suegra de la investigadora en un papel entrañable, el director y productor Lucian Tsamati en la piel de Cornelius,la representación de aquellos personajes de hombría de bien dispuesto a poner al limite su vida en pos de la justicia y la bellísima actriz y cantante Minnie Driver como la Dra Ingrid, la esposa del angustiado padre, entre otros, conforman una serie donde lo cercano y lejano se tocan de forma continua para armar un mapa de los humanos y sus circunstancias.

Y el gran James Nesbitt en el rol de Simon Greene.

 Duro, autentico, un actor de jerarquía poniendo todo lo mejor en un papel a su altura. Nuevamente interpretar a un hombre desesperado por la pérdida de un hijo (the Missing/2016) logrando estados únicos, poniendo todo su conocimiento y oficio. 

La acumulación de secretos, lo culposo, lo descubierto siendo punto de inflexión para continuar, todas aquellas situaciones que todos, en mayor o menor escala, tuvimos que afrontar, se conjugan en un trabajo donde aquella perdida inicial, deja de ser trascendente, y en los giros de tuerca que se producen hasta en los últimos minutos, radica la virtud del arte en plenitud y las fallas humanas, al servicio de mostrar productos que tal vez, deje algún margen reflexivo a cada uno de nosotros.

De Dostoyevski y su psicología criminal al confeccionar personajes que abordaban serios patrones de aquello conocido como culpa humana, hasta el Simon Green de Coben, las cosas no han cambiado tanto.

Tan solo modificaron los escenarios.

 

Autor: admin